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Escibir es andar, y andar es durar

La palabra ensayo proviene del latín “exagium”. El sustantivo se empleaba para referirse al acto de pesar, en el sentido de medida, como en una balanza. Dio lugar en el francés a la palabra “essai”, que significa “prueba” o “tentativa”. Dice Georg Lukács que cuando Michel Montaigne, decidió llamar así a este género del que se lo considera padre en Occidente, cuando decidió usar esa palabra tan modesta para darle sentido a sus escritos, estaba rechazando la orgullosa esperanza de llegar a través de la escritura a algún lado.

“El ensayo no puede llegar a crear la sensación de que no queda nada más que decir. Piensa discontinuamente como la realidad que encuentra su unidad en las rupturas”, dice Theodor Adorno, “está expuesto al error y se hace verdadero en su avance y no en la obsesión del buscador de tesoros de cazar fundamentos. Esta existencia, a modo de “prueba” o “tentativa”, de búsqueda sujeta al error, implica un camino experimental: un volver, revolver, interrogar, palpar, examinar el objeto de la reflexión desde distintas vertientes, o por decirlo de otro modo, desde distintos puntos de vista. A lo largo del tiempo y en distintas tradiciones, el ensayo ha adquirido muchas formas en su diálogo con otros géneros literarios como la narrativa y la poesía,  pero siempre ha conservado su carácter de texto inacabado y esta condición lo hace el más libre de los géneros. Entendiendo la libertad no como el triunfo de un yo, que impone su verdad, sino por el contrario, la de aquel que sabe de antemano que no la obtendrá y desprendido de esa obligación entra en contacto con lo que está por fuera de él para tratar de darle no uno, sino múltiples sentidos a la pregunta, la imagen, la intuición que persigue.

A esta libertad, César Aira, la llama felicidad. “El ensayo es el género más feliz”, dice, refiriéndose a que siempre surge anterior a la escritura, cuando el deseo de ir en busca de un tema, empuja al ensayista en una búsqueda que al no estar sujeta a la necesidad de concluir, permanece siempre abierta; una búsqueda que es siempre espontánea y no carga con el peso de la originalidad. El ensayo es siempre espontáneo, una reacción inmediata de intelecto frente a algo que llama su atención y tiene una existencia previa: alguien más ya habló de ello. Se sabe hiperinterpretativo, es shanzai, como el arte de la copia en china, que llevaba a los artistas a intervenir sobre la obra de sus antecesores, a dialogar sobre el mismo lienzo, entendiendo que las nuevas trazas, servirán para continuar dándole vueltas a un concepto que es universal y vinculante. Espontáneo también en la medida de que existe con plenitud en el presente. Una escritura que es acontecimiento: “Un acontecimiento del agudizar el oído, un acontecimiento del darse cuenta, un acontecimiento del ser abrazado, un acontecimiento del ser alcanzado”, como dice Peter Handke en El poema de la duración, al decir que escribir es andar y andar es durar: “No quien está en casa sentado, sino quien camina hacia el hogar, recibe la visita de la duración”. 

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